Es otra noche más,

y como siempre te escribo.

Lo que no me atrevo a decir con la boca,

lo que me hiere los labios

te escribo.

Te lo escribo con mi letra firme y pequeña,

en este cuaderno de tapas azules que nunca leerás.

Lo que te grito a diario con los ojos,

con el color de las mejillas

que se me encienden de susto, si estás cerca,

si oigo tu risa de enamorado de otra

te escribo.

Pero no te das cuenta, no sabes nada

de mi corazón que por ti, amor, como un niño triste,

llora y llora,

corazón que se me encoge como un hámster muerto

de frío.

Ni idea tienes de mis sobresaltos,

del miedo a que descubran el temblor en mis manos,

cuando alguien pronuncia tu nombre,

porque no me ves,

porque nunca me miras,

porque bebes los vientos

y mil tazas de amargura, lo sé, lo sé,

con gusto beberías

por esa morena insulsa que se sienta a tu lado

y se cree, la muy ridícula, la flor más bella,

la más deseada de todos los jardines,

la reina de Saba,

estrella de la tarde, lucero de la mañana,

y es sólo eso, sólo eso,

una rosa sin vida, rosa de trapo, rosa de plástico.

Amor, amor mío, amor mío,

ahora soy yo la que está contigo.

Sólo yo te escribo.

Esta hora de la noche, aunque no lo sepas,

es tuya y mía.

Esa morena presumida y tonta

duerme ufana de su hermosura,

del brillo de su pelo, de su peso y sus medidas,

enroscada como una serpiente satisfecha.

Pero óyeme. Es verdad lo que te digo.

Es la bruja mala de todos los cuentos.

Y créeme, sin soltar tu risa triunfante

que esconde tanta amargura,

que dejaría gustosa

que esa mala maligna me convirtiese en rata,

si pudiera amarte como yo te quiero.

No tengo cien ojos como el perro Argos,

para dormir con un centenar

y ver con los otros el cuaderno,

para seguir contigo,

para escribirte hasta el alba

que te amo,

te amo.

Porque te amo por todo lo que escondes y adivino.

Te amo por tu mirada miope de James Dean,

por tu cicatriz de pirata en la mejilla,

por tu cabeza emperadora de Trajano,

por tus manos abiertas que dan consuelo,

porque dibujas mejor que Picasso,

porque... Sólo sé que te quiero.

Voy a apagar la luz de la lámpara.

Hasta mañana, amor, mi amor, amor mío.